Buscar en la oscuridad. Entrevista a Rossana Reguillo.

Rossana Reguillo / Foto: Laura Sandoval

Cuando terminó su disertación en el Paraninfo, los aplausos callaron cualquier otro sonido por unos cuantos segundos. Es mexicana, doctora en Ciencias Sociales y en Antropología Social, magíster en Comunicación, profesora e investigadora sobre culturas urbanas, vida cotidiana y subjetividad, construcción social del miedo, jóvenes, violencia y narcotráfico.

 

En la última mesa de debate del congreso reflexionó acerca de las condiciones de construcción del pensamiento crítico y las identidades culturales. En diálogo con el equipo de prensa de ALAIC, Rossana Reguillo habló de la relación de los jóvenes con la educación, el trabajo, y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), además de reflexionar sobre la propuesta para bajar la edad de imputabilidad penal en Uruguay.

 

-¿Qué la motivó a participar en el congreso?

 

-Principalmente, me hizo mucha ilusión participar del Honoris Causa de Martín Barbero. Segundo, porque tenía muchos años de no pisar terreno de ALAIC. Y tercero, porque fue Gabriel Kaplún el que me invitó.

 

-¿Qué expectativas y qué desafíos tenía cuando comenzó a investigar en Comunicación y en Ciencias Sociales?

 

-¡Uy, necesitaría casi un día para responder! Pero quizás sea muy sencillo, ya que entendí tempranamente que la comprensión de la realidad es el desafío más importante para cualquier persona que tiene el más mínimo interés por transformar la sociedad. Para mí, estudiar Comunicación, Ciencias Sociales, Antropología y Sociología fue un instrumento para volverme más capaz de comprender la sociedad. Los desafíos que he encontrado han sido múltiples, cada investigación te demanda de maneras distintas. Cada proceso, cada pregunta te lanza por derroteros que hay que sortear.

 

-¿Qué problemáticas de los jóvenes deben atenderse con mayor urgencia?

 

-Depende, porque la juventud no es nunca un continuo homogéneo, ya que las condiciones locales de cada historia y de cada país plantean problemas diferenciales para los jóvenes. Sin embargo, diría que hay tres frentes equivalentes para América Latina y el Caribe. El primero pasa por la escuela y el trabajo, que se vincula con lo estructural, es decir, es urgente que los gobiernos de la región entiendan que deben invertir millonariamente en este rubro o si no, se les va a salir de las manos el asunto, ya que más del 5 % de la población juvenil latinoamericana no estudia ni trabaja.
Un segundo asunto se relaciona con la política pública, es decir, instalar la idea de que los jóvenes no son esos sujetos llenos de hormonas y carentes de neuronas, sino justamente sujetos políticos con capacidad de enunciación y de pronunciarse sobre sus propias problemáticas. Hay que generar espacios para que los jóvenes puedan gestionar por sí mismos sus necesidades diferentes.
El tercer asunto tendría que ver con cómo elaborar un macro proyecto a nivel de la región para potenciar todo lo que ya está ahí, que es muchísimo, como el trabajo autogestivo de los jóvenes en arte, en política, en expresión, en graffiti, en diversidad sexual, etcétera. Se forma un conjunto de experiencias dispersas donde es urgente apoyarlas y catapultarlas.

 

-¿Qué sucederá con la generación de los jóvenes que no estudian ni trabajan si no se aborda la problemática?

 

-Será lo que está pasando en México. Se trata de ese sector de jóvenes que se convierten en el reservorio de fuerzas para el narcotráfico. Son jóvenes abandonados por la sociedad que no encuentran razón para alejarse del crimen organizado. Si tu analizas esto con los datos duros, lo que vas a encontrar es que para muchos de nuestros jóvenes hay tres destinos posibles: la ilegalidad del crimen organizado, la migración internacional, y la vinculación con sectas, con el ejército o con aquellas intituciones que se muestran todavía capaces de ofrecerles alguna respuesta.

 

-En la ponencia Ud. habló acerca de que estamos en un momento “funesco y funesto”, ya que hay una saturación de la información que no les permite pensar a los sujetos ¿Cómo podrían contrarrestar esta situación los medios de comunicación?

 

-Me parece que no es un asunto de los medios de comunicación sino de cada medio, es un asunto de cada periodista, de cada política ético editorial, de cada espacio que emerge hoy, del blog de fulano. La responsabilidad sustantiva de cada uno de estos medios es hacerse cargo de la complejidad, ya que son máquinas de simplificación de lo complejo y de lo real. Uno de los mayores desafíos pasa por cómo construyes con los sujetos una visión que respete la que ya tienen de sí mismos.

 

-Los jóvenes son quienes más utilizan las TICs ¿Qué cambios introducen estas nuevas tecnologías en ellos ?

 

-Mira, ahorita tengo un proyecto en curso, porque me he metido en los últimos tres años a ver cómo se gestiona el Facebook, el Twitter, el blog, etcétera. Los cambios suceden en tres aspectos fundamentales (a reserva de que en un par de años sea capaz de decir cosas más inteligentes sobre el asunto). Primero, se rompe el monopolio de la voz legítima, es decir, se desestabiliza el sistema de jerarquías de las hablas. Segundo, se coloca al joven en situación de su propia voz, ya que se convierte en autor y en reproductor de la realidad. Tercero, los ha puesto en contacto y en sintonía con lo que desde hace mucho tiempo Renato Ortiz llamó “la cultura- mundo”, es decir, jóvenes que pueden reaccionar inmediatamente a la primavera árabe, jóvenes que pueden hacerse cargo de los estudiantes chilenos desde la Patagonia.

 

-En Uruguay desde hace un tiempo se ha instalado el debate que señala a los jóvenes como los culpables de la inseguridad ciudadana. Una de las propuestas es bajar la edad de imputabilidad penal ¿Cuál es su reflexión al respecto?

 

-Es una estupidez instalada, lamentablemente, en todo el continente. Es un debate que sube y que baja como aquella canción de la bolita: “Yo tengo una bolita que me sube y me baja”. Yo tengo un debatito que me sube y me baja. Los chilenos ya lo pasaron y no han mejorado absolutamente en nada. Hay un chiste que sólo le cuento a mis estudiantes de Metodología. Se trata de un borracho que va por la calle y se para en un farol a buscar algo, entonces pasa un policía y le dice: “Oiga señor, usted está en mal estado, mire nomás cómo está ahogado de borracho ¿Qué está haciendo aquí?”. “Estoy buscando mis llaves”, le dice el borracho. “¿Las tiró por aquí?”, pregunta el policía. El borracho le dice: “No, como a tres cuadras, pero allá está oscuro”.Con el problema de los jóvenes pasa lo mismo que con el borracho, queremos seguir buscando donde hay luz con recetas facilistas como bajar la edad de imputabilidad penal, desaparecer a los pobres, pero muchas de las respuestas están donde está oscuro.

 

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